“El artista Venezolano-Americano Arturo Correa vivió sus primeros 24 años en Venezuela, donde consiguió un éxito notable como joven pintor. Su padre era médico y su madre psicóloga. En su infancia fue testigo de acalorados debates entre ellos. Su padre defendía la preeminencia abrumadora de las ciencias naturales, guiado por un pensamiento pragmático, objetivo y racional. Su madre, por otra parte, prefería la mentalidad subjetiva, sometida a la intuición y el razonamiento aprehensivo. Se trataba del clásico conflicto en medio del cual la naturaleza y la crianza afectan la salud y el comportamiento humano. Creo que las consecuencias de este conflicto afectaron profundamente al joven Arturo. Al igual que sus padres, cuyas profesiones se circunscribían al área de la salud, Arturo descubrió muy pronto que su pasión artística se decantaba, en sus propias palabras, hacia la necesidad de ‘arreglar a la gente’.”

 

“Sus pinturas planas, desentendidas de perspectivas u horizontes que guíen al espectador, combinan figuras, textos e imágenes icónicas contemporáneas e históricas recolectadas del pasado y el presente. Objetos dispares aparecen como flotando en el aire, colocados arbitrariamente a manera de un collage travieso sin escalas de referencia. Parecen abordar los absurdos e injusticias de la vida con un cierto cinismo optimista y un tono burlón e irónico. Algunos objetos están pintados con precisión quirúrgica, otros con libertad salvaje y orgánica. Todos se refieren al viaje personal y epifánico de Arturo a través de la memoria y la filosofía. Si no fuera por el exuberante colorido de estas imágenes realistas y expresionistas, su obra ciertamente semejaría un Sturm und Drang existencialista y sombrío. Pero en vez de ello, prefiere balancearse con deleite entre ambos extremos.”

 

“Considerado un respetable artista en la plenitud de su carrera, Arturo Correa toma con propiedad el testigo y sigue el rumbo de maestros postmodernistas de finales del siglo XX y comienzos del XXI, tales como Bob Rauschenberg, David Salle, Jean-Michel Basquiat y Francesco Clemente. Un artista genuinamente bicultural que ha pasado igual número de años inmerso en la cultura de Venezuela y en la de Estados Unidos, Correa tiende puentes e integra la estética y la filosofía de ambos países. Su visión personal, su intención, es en efecto “arreglar a la gente”, comunicando a nivel visual una nueva consciencia del mundo cotidiano que nos rodea.”

 

Barbara Anderson Hill 

Ascaso Gallery | Miami, Mayo 2016